Primera fase de experimentación.
Una frase: "hambre de un amor impuro".
Origen: atracción por la llamada "actud masoquista".
Nexos: la carne, la piel, la herida, el canibalismo, el sarcasmo.
La propuesta original: un concepto, el HAMBRE.
Asociaciones: el hambre en el amor; la insistencia en la puerza; el miedo cristiano al enfrentamiento dolor-ser puro; el masoquismo en quien se dice "cristiano/cristiana".
Base: preguntas. Interrogante: ¿cómo es eso que se llama "amor" en un sentido no moral y no simbólico (sin significados, sin palabras, sin identidad).
Forma: Síntesis a la manera de Edición. Fragmentos (entre 70 y 100).
Ejercicio: síntesis: como sintetiza el material de sueño. El psiquismo que no discierne yo-otro ni identidad de alguno. Cómo se traducen las "identidades", las relaciones, en un proceso de escritura reducido a su mínima expresión.
Frases que sinteticen la reflexión acerca de: pureza, amor, hambre.
Dar cuenta de mi contexto por medio de contextos francos.
HAMBRE DE UN AMOR IMPURO: una experimentación de franqueza y síntesis.
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29 de marzo.
Arranques (1):
Descarnado espejo.
De frente está un rostro. Un rostro que sonríe y morirá. El rostro se prolonga en un cuerpo que tiembla. El cuerpo sale de una antigua casa. Anda por calles. Va al terminal de buses de la ciudad. Una ciudad que no es suya (claro, ¿acaso alguna llegó a serlo?). Avanza en una lenta fila. Compra un boleto hacia la costa. Entra en el bus. Ochenta y dos minutos junto a la ventana sin decir una palabra a nadie. Ochenta veces hecho su minuto de silencio. Ver los parajes pasar. Luego desciende entre gente. Oye la respiración de otros. Baja los párpados, cierra unos segundos los ojos. Recorre un camino de tierra. Solitario. Hasta inspirar el aire marino y observar de lejos el mar. Resiente el viento frío y la arena en el rostro. Sabe algo de sal en los labios. Se detiene a saludar al cielo, ante una tarde enorme de arreboles carmesíes. El cielo está preñado de futuras lluvias. Las nubes y su pelo parecieran sacudirse por el mismo aire. Hay sonidos de olas, de gaviotas, de pasos, de la arena que vuela, cayendo sobre arena. Él proseguirá su rumbo hasta internarse al fondo en la bahía. Vuelta hacia la playa de su infancia. Tendrá su sacrificio.
Andará en la arena, entre las grandes rocas, y dejará su rastro que borrará después el viento. La arena lisa lo ha dejado hacer, tal como si hace días lo hubiera esperado a él, tal como una espalda de amante lo esperara hace unos días. Ha habido amantes. Todo ese amor lo abandonó.
Penetrará en la playa. Se sentará en su viejo mirador, sobre una roca húmeda. Observará las olas, los choques y fusiones entre ellas, el agua y los restos de algas, las lenguas del mar y la espuma. Hasta sentir el agua en sus poros. Hasta cubrirse lentamente por el agua. Contemplando, entre lágrimas, el sol y el crepúsculo. El sol que se oculta a su horizonte. El sol del que se quiere despedir. Todo hasta que suene un golpe seco… Chillidos de gaviotas. Agua en movimiento, reimpulsada de su fuente, con algas deslizándose en la orilla. Tras eso, el mar recogerá sus aguas, sus fuerzas, su vida. El mar acunará el cadáver.
***
Está en la altura. Sobre la roca. Totalmente mojado. Está temblando. El mar repercute fuerte en sus oídos. Justo cuando piensa que la inminente es la última ola, siente un impulso ciego, fiero, irracional, dulcemente espontáneo.
No hay vuelta atrás. También para aquél al que describo. Lo imagino en su último momento.
Esas son mis preguntas, torpes interrogantes que soy. He vivido para hacer esas preguntas esta noche. Con el fin de clamarlas en busca del dios mudo. Solo, bajo un cielo extranjero.
Todo esto lo he escrito en un cuaderno abandonado, la noche antes de encarnar el sacrificio.
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28 de marzo.
La noche es un mundo.
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28 de marzo.
Pensar que amo. Que amamos.
El tiempo del amor. Ese punto, ese instante límite, en que saltando de una aeronave, hay que detonar el paracaídas. Se está entre volar y la caída libre, sin poder hablar, sin siquiera saber por qué.
Entre quedar a resguardo y el lugar del accidente.
Amo sólo si renuncio a la respuesta. Amar es suplicar.
Amor, pregunta inscrita en el cuerpo.
¿Y quién escribirá sobre el amor? No yo. Yo amo. -Así jugaba a decir Alejandra-.
¿Entonces te darás al amor? -me preguntó-.
No yo. Nadie puede dar sino lo que tiene.
Tarde llegó la fe en el amor.
Puesto que ya hay hambre.
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28 de marzo.
Una historia de ternura, pasión desenfrenada, celo y desamor homicida.
Una historia muda.
Una historia fragmentaria y feroz.
Cuando la boca que no habla, se expresa en dentelladas.
Cuando la saciedad amorosa es caníbal.
Donde el silencio duele. Porque de pronto irrumpe.
Donde la frase, cada frase, está repercutiendo; porque traduce ruidos, espasmos, chillidos, llantos y latidos cada vez más fuertes. Donde el lenguaje es excusa para embriaguez de silencio.
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28 de marzo.
La boca habla cuando está impedida de gritar.
La boca grita cuando está impedida de morder.
***
Te amo porque quisiera volverme uno contigo.
Te amo puesto que quisiera devorarte.
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28 de marzo.
Hablo. Hablas. Jugamos a cubrir un vacío incolmable.
Así sea con palabras, o con: identidad, sueños, amor o dios.
Fingimos que el hambre se ha saciado.
Ser un punto por el cual crece el silencio.
Ser la piel donde toda profundidad es herida.
Nota: leo del vacío en la obra de Simone Weil. Hambre.
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28 de marzo.
El homicida es un obseso de lo sensual.
El perfume. Patrick Süskind.
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27 de marzo.
Una cuestión de fuego.
El hambre.
El hambre es lo que queda cuando ya se ha consumido todo a lo que es posible pedir luz, calor, sentido.
Observar todos y cada uno de los gestos del hambre. Quedarse solo con eso. Solo sin nada, sino eso. Eso solo que es lo único que resiste a la nada.
Observar el hambre. Obedecerla hasta el final. Hasta de pronto descubrirla.
Cuando uno ha apagado la llama que se ha mantenido encendida sólo por medio de prender fuego a todo lo que se ha creído poseer, a todo lo que se ha podido despojar.
El hambre es eso que brilla en los ojos de los que ya nada pueden perder.
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Eso que llamas "escritura" es el hambre en ti.
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Al macho le excita una mácula.
Produce, en su imaginario, una virgen, extraña criatura inmaculada.
Va de la supuesta conquista a la frustración.
El sexo nunca accede a lo secreto. Su sexo es engullido.
El sexo es lo real que se roza.
Como en las piedras que se frotan, surge una llama, la chispa divina.
De ella escribió Eckhart y la asoció al vacío. Finalmente Dickinson y Pizarnik la asocian a una búsqueda sin cese. El fuego es lo que se apaga y se enciende por sí. El hambre busca esa chispa. Desgarrará la lengua, la carne, los nervios, las almas, hasta que el sexo lo dará por vencido.
El macho inventa a un dios feminizado, histérico y amanerado, al que abandona a la tortura, hasta decir que esa gran fe en la carne que es el sexo es algo irracional que se verá frustrado.
El Cristo vuelto el mártir de lo femenino. Cada macho es Pilatos.
El sexo es ilustrado como cruz.
Volver al sexo es retomar la cruz.
Virgen: el fruto de tu vientre desandará su via crucis. Arrojará la piedra primera.
Por hambre de un amor impuro.
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22 de marzo.
El hambre (que es amor) es un ruego.
Querer que todo pase (por el vacío) y que el vacío crezca.
El drama de pedir en: Hamsun, Pizarnik, Sacher Masoch, Dickinson, Weil.
Querer que la propia soledad sugiera los perfumes de otros.
Que el vacío, es decir, la soledad, se llene de nostalgias incurables.
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Magdalena. "Magdala". Delgada. Piel tersa, suave.
Piel morena, lisa. Ojos de iris verde agua.
Dientes duros, fuertes, blancos. Labios carnosos, rojos, húmedos.
Muslos torneados. Anchas caderas.
Alta. Cabellera negra, gruesa, larga.
Desde los catorce años hasta los dieciséis, Magdalena asiste por las mañanas a la biblioteca. Lee. Comienza a preguntar e interpretar.
Eva, la encargada de los libros. Después de nueve meses desde el primer encuentro con la "Magdala" desaparece.
Magdalena, la María "Magdala", se preguntará qué ha pasado. Qué ha quedado de ella. Qué hicieron los hombres de ella.
Eva sólo deja un papel, en que dice: "llevo en mi vientre vida".
Los nombres se abrevian, se editan (Ma, María, Magdala, Magdalena, Lena).
La María (a la que nadie llama "mamá"). Es madre renuente a la carne. De ella nació la "Magdala". Es la mujer del hombre que preña y desaparece, una casada con el ausente. La silenciosa presa del que le llena el vientre con su falta de vida.
La "Magdala" se pregunta por qué no tiene voz; por qué la condena de su viente; por qué lo perdona todo a costas de su pureza, de desoír el vientre, de maldecir su hambre.
María (afásica o gangosa), la que nunca habla de sí, sino de la puerza, llega a decir: "soy pura; soy María; yo, casta".
(La identificación María-Yocasta; la identificación Jesús-Hamlet; la identificación Magdalena-Antígona-Lena, se deja vislumbrar).
El "infierno" es el lugar en que el sentido se interrumpe, en donde no cabe la interpretación, dondequiera que la literatura queda fuera.
Hay una interpretación: la idiotez de Jesús traduce su rechazo a observar el pasado.
Jesús está condenado a ser joven, a mirar hacia la esperanza, que es la literatura -proliferación incesante de sentido-, explicación de una falta y de una tachadura -la del padre, la de la madre-.
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Escribir lo que nunca te atreverías decir a nadie. Ni al analista, ni a dios; ni menos a quien amas, aunque tampoco a quien encuentras sin conocer de antes. Todos, opacos reflejos del yo que pretendes ser. Escribir, volverte eso que no eres tú, pero que, al mismo tiempo, es la fuente de cualquiera de tus supuestas verdades, tus supuestas mentiras.
Escribir y vaciarte. El deseo de ser un volcán. Y explotar. También rebasarte.
Destellos de crudísimos recuerdos. Escritos.
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22 de marzo.
Partes, contrapuntos de una fuga que suenan a deseo y lucidez.
Como si además refiriera a: Duras; Coetzee; Cioran; Nothomb; Prado; Marx; Perec; Quignard; Yourcenar; Zambra.
1- Ella no debía de ignorar su pena. Deberían ser de la misma edad, dieciséis años. ¿Vio llorar a su esposo aquella noche? Y, al verlo, ¿lo consoló? Una joven de dieciséis años, una novia china de los años treinta, ¿podía, sin resultar inconveniente, consolar esa clase de pena adúltera de la que se resarcía? Quién sabe. Quizá se equivocara, quizás aquella lloró con él, sin una palabra, durante el resto de la noche. Y después el amor llegó enseguida, después de los llantos.
Ella, la muchachita blanca, la pequeña, nunca se enteró de esos acontecimientos.
2- Para ser un hombre de su edad, cincuenta y dos años y divorciado, a su juicio ha resuelto bastante bien el problema del sexo. Los jueves por la tarde coge el coche y va hasta Green Point. A las dos en punto toca el timbre de la puerta de Windsor Mansions, da su nombre y entra. En la puerta del número 113 le está esperando Soraya. Pasa directamente hasta el dormitorio, que huele de manera agradable y está tenuemente iluminado, y allí se desnuda. Soraya sale del cuarto de baño, deja caer su bata y se desliza en la cama a su lado.
Soraya es alta y esbelta; tiene el cabello largo y negro, los ojos oscuros, líquidos. Técnicamente, él tiene edad más que suficiente para ser su padre; técnicamente, sin embargo, cualquiera puede ser padre a los doce años. Lleva más de un año en su agenda y en su libro de cuentas; él la encuentra completamente satisfactoria. En el desierto de la semana, el jueves ha pasado a ser un oasis de luxe et volupté.
3- Cuando la mente se dirige a dios lo único que todavía nos liga al mundo es el deseo de no permanecer ya en él.
El amor es el único modo fecundo de engañarse en el marco de lo absoluto. Por ello, al amar, solamente podemos estar cerca de dios a través de todas las ilusiones de la vida.
4- -Ella nos ha dicho que usted vive cerca de Malmédy.
-Sí, me paso cuatro horas diarias en el tren, eso sin contar los trayectos de autobús.
-¿No podría arrendar una habitación de estudiante en la ciudad universitaria?
-Ése es mi objetivo. Trabajo duro para lograrlo.
-¿Trabaja?
-Sí, soy camarera en un bar de Malmédy, los fines de semana, y a veces también durante la semana, cuando no vuelvo demasiado tarde. Me pago los estudios.
Mis padres la contemplaron con admiración y, al minuto siguiente, miraron con reprobación a su hija que, con dieciséis años, ni siquiera era capaz de haber alcanzado su independencia financiera.
-¿A qué se dedican sus padres? –preguntó mi padre.
Me regocijaba ante la idea de que le respondiera como a mí: “¡Hay que ver lo indiscreto que es usted!”
Por desgracia, Christa, tras un breve y muy calculado silencio, declaró con trágica simplicidad:
-Procedo de un medio desfavorecido.
Y bajó la mirada.
Me di cuenta de que acababa de ganar diez puntos en los sondeos.
5- … ¿Sabes que dijo una vez Hemingway? “Escribe la historia, quita todas las frases buenas y mira a ver si todavía funciona”. Seguro que si hubieras hecho eso con Israel, lo que quedara habría funcionado tanto como un taburete con dos patas serradas. El gran tipo, siempre al lado de sus bonitas palabras igual que un pescador posando con un atún gigante. Pero aquí funciona de otra manera: aquí siempre tienes al otro lado a alguien que te pregunta: ¿dos por dos?, y hasta que no respondes cuatro, las cosas no se ponen en marcha. ¿Alguien te ha dicho que oyó una sola vez a Israel decir cuatro? No lo creo. Lo que creo es que ese chico se pasó la vida cavando agujeros pero nunca llegó a saber cuál era el suyo. No tengo ni idea de qué es lo que le habrá pasado, pero sea lo que sea, él se lo buscó, porque, como suelen decir los americanos, no puedes durante años echar maníes al suelo y esperar que no se te llene la casa de monos…
6- Me hallaba en Nueva York, solo, apuesto y elegante, y cargado de malas intenciones... que son las buenas.
(…) ¿Conoce la escena en que aparecen como doncellas del Ejército de Salvación? Bueno, el caso es que figura que son doncellas, ya sabe...
— ¿De veras? -comenté-.
Ignoraba este detalle...
—Sí, -me interrumpió-, en la escena salen doce chicas, pero, aunque me esté mal decirlo, Prudencia, mi hija, era la única que aparentaba conservar la virginidad.
Recordé entonces a Prudencia en la noche del taxi y resumí que si ella era virgen, Juana de Arco debió ser recaudadora de contribuciones.
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22 de marzo.
Eso se denominaría moda: una manera de gozar, la sensación de una pequeña fiesta, de un despilfarro; algo fútil, inútil, gratuito, agradable. Se inventaría un plato, un gesto, una expresión, un juego, un traje, un lugar de paseo, un baile, se compartiría ese invento, sen compartirían los inventos de los demás: eso duraría horas o meses; uno se cansaría o fingiría cansarse; se repetiría o no se repetiría. Sería como en la escuela durante los recreos: venían las carreras, luego la pelota, luego las canicas, luego la orquesta con peines y papel higiénico, luego las colecciones de envases de cigarrillos.
Pero no se trata de eso, por cierto. En absoluto. Aun antes de comenzar a hablar de la moda, antes incluso que los hechos de moda sean alumbrados por las luces más o menos irisadas de las diversas ideologías contemporáneas, ya sabemos que no se tratará de eso.
La moda, sin embargo, habla de capricho, de espontaneidad, de fantasía, de invención, de frivolidad. Pero son embustes: la moda está totalmente de parte de la violencia: violencia de la conformidad, de la adhesión a modelos, violencia del consenso social y de los desprecios que éste disimula.
8- De todos modos el alma es un secreto. Lo que se muestra es un cuerpo. Lo que se cela es un alma. Un hombre que dice su nombre secreto no tiene más alma.
La lengua aporta con ella la posibilidad de callarse, de rechazar expresarse…
El alma define el secreto del cuerpo.
9- La gente duerme de día, ama de día. Los durmientes acostados al aire libre parecen suicidas; los amantes son como perros que copulan al sol. Los corazones están tan secos como los campos; el corazón del nuevo rey está tan seco como la roca. Tanta sequedad llama a la sangre. El odio infecta las almas; las radiografías del sol roen las consciencias sin reducir su cáncer.
10- Poco antes de enredarse con Julio, Emilia había decidido que en adelante follaría, como los españoles, ya no haría el amor con nadie, ya no tiraría o se metería con alguien, ni mucho menos culearía o culiaría. Éste es un problema chileno, dijo Emilia, entonces, a Julio, con una soltura que sólo le nacía en la oscuridad, y en voz muy baja, desde luego: Éste es un problema de los chilenos jóvenes, somos demasiado jóvenes para hacer el amor, y en Chile si no haces el amor sólo puedes culear o culiar, pero a mí no me agradaría culiar o culear contigo, preferiría que folláramos, como en España.
Por entonces Emilia no conocía España. Años más tarde viviría en Madrid, ciudad donde follaría bastante, aunque ya no con Julio, sino, fundamentalmente, con Javier Martínez y con Ángel García Atienza y con Julián Alburquerque y hasta, pero sólo una vez, y un poco obligada, con Karolina Kopec, su amiga polaca. Esta noche, esta segunda noche, en cambio, Julio se transformó en el segundo compañero sexual de la vida de Emilia, en el, como con cierta hipocresía dicen las madres y las sicólogas, segundo hombre de Emilia, que a su vez pasó a ser la primera relación seria de Julio. Julio escabullía las relaciones serias, se escondía no de las mujeres sino de la seriedad, ya que sabía que la seriedad era tanto o más peligrosa que las mujeres. Julio sabía que estaba condenado a la seriedad, e intentaba, tercamente, torcer su destino serio, pasar el rato en la estoica espera de aquel espantoso e inevitable día en que la seriedad llegaría a instalarse para siempre en su vida.
9
prospecto: dos historias que se enlazan.
1) Magdalena es una chica de dieciséis años. Vive en la periferia de una gran ciudad.
Es la menor de una familia compuesta también por cinco hermanos (el tradicionalista represor, el técnico funcional (y maquinal), el tartamudo despreciado, el gordo devorador y ansioso, el peluquero (reprimido y desempleado) con ideas marxistas).
Además está la madre culpógena que habla todo lo personal en tercera persona (la señora…) y el padre “que se ha ido”, del cual conservan solo una fotografía grande y ridícula (a la que le ruegan y muestran devoción, como a una animita). En cuanto a Magdalena, muchachita fantasiosa y sensible, a la vez que irónica y bulímica (vomita constantemente), luego de “sentirse fuera de lugar” en un colegio del que siempre hablan de “los poderosos” y “las clases diligentes”, rodeada de periódicos que aluden a las burbujas inaccesibles del show televisivo, va decidiéndose, por un creciente desprecio de su entorno, a tomar el protagonismo de su vida, por lo que se dedicará a seguir sus “corazonadas”. En tal sentido, se decide por ser una “alumna modelo” de día, para luego en las noches ser una irónica puta a la que mueve más el deseo de burlarse de sus “pretendientes” que el dinero.
2) Magdalena asiste con frecuencia a la biblióteca pública de su comuna. Comienza a desarrollar un vínculo con la bibliotecaria. Se entremezclan en él: admiración, ternura, excitación, miedo y rabia. La bibliotecaria le habla, se declara. Le cuenta de un compromiso roto, de cuando fue violada por dos machos, del cuerpo, de su modo de leer, de su lengua, de la carne, del vientre de las hembras, de la pureza, de lo que imagina al oír de dios y del martirio.
Magdalena empieza a maquinar una venganza que será una declaración que reinterpreta los principios.
8
De acuerdo con Pascal Quignard:
"La haine de l'amour est dans l'amour comme sa conscience".
Si lo traduzco improvisadamente, afirmo: el odio del amor está en el amor como su consciencia.
Al reescribirlo: eso que del amor persiste como odio al amor es su consciencia.
6
Tiempo de escribir algo sin certeza. Ninguna certeza.
¿Acaso escribir diversas formas de una misma interrogante?
Escribir a tientas, ciego y suplicando: pido que la pregunta no muera.
5
21 de marzo.
Quizás el amor es piedad sin dios.
Por anhelo de un dios que muere, se llega a producir un dios al que matar, un animal de sacrificio deificado.
4
20 de marzo.
Deseo de fundirse a un cuerpo, de incorporar del todo a un cuerpo extraño.
Si se le deja de controlar, cada deseo se vuelve un deseo caníbal.
3
20 de marzo.
Hambre de carne sensible. Hambre homicida.
El vientre se estrecha. Amo este miedo en la sombra y que la sombra crezca. El corazón late más rápido. Crezco en el secreto, tal como en la sombra.
2
Pascal Quignard ha escrito: los hombres son los animales enfermos de un olvido insuficiente.
El olvido en mi piel deja huir un recuerdo. Una tarde. Sentado sobre una roca, frente al mar.
Voluntad de devenir rompiente.
Descubro, a mi pesar: yo vivo el destino de las olas.
También el hambre de un amor impuro me lleva al mar.
Hoy recuerdo las palabras de Marcel Proust.
Al abalanzarse con sus olas, al caer con ellas nuestro espíritu, éste olvida sus propios desfallecimientos y se consuela en una armonía íntima entre su tristeza y la del mar que confunde su destino y el de las cosas.
Hay un destino que inventarse. Vaciarse y contener deseo. Crecer por contacto hasta romperse.
Lo dijo Aurora Luque. "Desear es llevar el destino del mar dentro del cuerpo ".
1
20 de marzo.
Desde esta tarde describo parte de un proceso de escritura.
Un destello. Lo que deja escapar el secreto. Lo menos furioso. Lo que alcanzan las palabras.
El primer movimiento: HAMBRE DE UN AMOR IMPURO. Sólo un tentativo título.
Decir con palabras el primer temblor:
"El amor es un castigo. Somos castigados por no haber podido quedarnos solos".
Un segundo temblor.
Desear es un verbo incomprensible. Es no ver. Es buscar. Es lamentar la ausencia.
Desear es convertirse por entero a la espera, al anhelo, al ensueño.
El vocablo castellano desear se ha derivado de un término latino desiderare, pendiente a su vez de un sidus (astro). Siderare y desiderare: imágenes. El astro resplandece y se oculta. Brillar y ocultarse, indican los infinitivos verbos.
En un antiguo dialecto romano, lo desastroso era, en su origen, lo nacido bajo una mala estrella.
Donde el deseo, el desastre.
Desear era pender del astro que se oscurece. Orientarse por la estrella perdida...

